La historia de Sheila Down by Sheila Blanco

(Como no creo que pueda hacer una buena crítica del concierto de ayer de Sheila en el juglar, considero que es mucho mejor contaros mi historia de Sheila DOWN, pero con banda sonora, yo simplemente ordeno lo que Sheila Blanco ha hecho, así que la autora de este post es ella.)

Sheila Down, era una chica blues, la chica de los tristes consejos, corazón de infinita bondad, la que da por perdida toda la partida antes de jugar, o así la definían las mejores lenguas de la ciudad, otras, en cambio la acusaban de tener el síndrome de Mr. Hyde, un vecino que asustaba puesto que si alguien preguntaba qué tal estás podría ser amable o se lo podía cargar, pero por qué curarse si sabe que hay un sitio para dos. En realidad, Miss. Down era una persona normal, con gran admiración por Marylin , y envuelta en su albornoz se preguntaba por qué no le da calor la luz del día, miraba alrededor y lloraba porque su sonrisa agotó la garantía. Cada día se levantaba con un solo motivo, decir que no, se repetía una y otra vez “di que vas a lograr salir del fondo, y di que vas a escapar, respira hondo, y di que no, di que lo vas a intentar”, pero no era suficiente, seguía pensando que el problema no tenía solución, que su sueño de artista había fracasado y todo lo que había luchado por poder vivir del arte, no había sido suficiente, simplemente veía lo fácil que era empezar a preocuparse y a pesar de saber que era tonto deprimirse lo hacía.

Se cobijó en un bar, agarrada a su botella de buen vino, conservando la compostura y sabiendo bailar, manteniendo el equilibrio, y pensando que mañana madrugaría para beber. Hasta que un día llegó ese día por el que brindar. Conoció a un galán, según ella eran dos cabezas, pero fue el alcohol quién le jugó la mala pasada. Al principo, cuando él se acercó se hizo la interesante con su soledad, luego la loca y finalmente la sorda, (Solos/locos/sordos — próximamente)  pero el acento argentino, la labia del galán, consiguieron engatusarla, cegarla con un mundo de lujos, donde las desdichas no entraban. Ella no le creyó a la primera, tenía grandes dudas y a veces sí, a veces no, el se dio cuenta de que era una chica particular, y a pesar de sus momentos solo le daría un poco más de tiempo porque sabría que no le decepcionaría.

Llegó ese tiempo, Miss Down, se dio cuenta de que él era ese motor , desde que apareció cambió todo lo demás, de que no había que preocuparse, que él tenía la solución a sus problemas, así que accedió a ese negocio, y Miss Down pasó a ser La Ladrona. Un apasionante mundo de lujos, fiestas, ser la protagonista de los periódicos, todo iba viento en popa, llegaba el dinero a sus manos de manera infinita, iban a todos los festejos, desayunaban en la chistera con caviar, pero un día, este fantástico galán vio que se les iba de las manos, que no podían seguir así, que algún día serían descubiertos así que, él se fue, se ablandó, se le fue la rebeldía y la abandonó, pero ella se dio cuenta de que nació para ser ladrona.

Continuó sola, pero no era igual, no podía conseguir lo mismo, así que estuvo todas las noches en los bares de mafiosos para unirse a alguien, formar otro equipo diferente, había conocido esa vida y no la quería dejar. Lo consiguió, un joven apuesto, pero en este caso no tenía que robar, sino trabajar con sustancias que la ley prohíbe vender, aunque ella simplemente era una mantenida, con callar ya era suficiente. Al principio el trabajo era apasionante, la adrenalina le mantenía despierta, conocía todos los planes de su apuesto joven, vívía de noche, y llegó un momento en el que ella necesitaba dormir.

Una noche, decidió volver al primer bar donde conoció al galán argentino, tenía ganas de volver a verlo, aunque ella le dijo cosas duras, las palabras de él la hieron a ella mucho más, así que, por casualidad o no, se encontraron en la barra del bar, se acercó a él y le susurró – “Olvídalo no tiene sentido darle una vuelta más de tuerca”. Sheila se dio cuenta de que no le echaba de menos como socios de trabajo, sino que le quería, así que sin mirar atrás, se decidió a hablarle y confesarle lo que sentía, pero él no reaccionó como se esperaba así que ella en un intento desesperado le gritó –“Miénteme”, aunque fuera mentira quería escuchar que la quería, que la extrañaba. El silencio de él hizo que Sheila se fuera a su casa.

Triste, dolida, agotada Sheila Down fue a la ducha para despejarse y relajarse, pero ahí padeció sobre cristal, sabía que unos tipos la seguían, pero ella se escondía y nadie la podía coger, pero al tipo que la mantenía, le atrapó la policía en mitad de su plan, Sheila nunca dijo ni esta boca es mía, pero el tipo en su agonía no se la quiso jugar y a Sheila la mataron en la ducha.

El galán, tras leer la noticia en la prensa le compuso una canción titulada T.K

 

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3 pensamientos en “La historia de Sheila Down by Sheila Blanco

    • Bueno, lo mío no es nada. El talento es Sheila, pero gracias Xaro por tu apoyo incondicional, si me dedico a escribir es bueno saber que por lo menos vendería un ejemplar. jajaja

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