Fui a la sala charada, y en la puerta me encontré al GRAN CARLOS GRIMALDI, es tan encantador…, hablaré en otra entrada de él.
Después del concierto de San Leon (del que hablaré en otra entrada) le tocó el turno a The Bleach. Fue un conciertazo de lo más sorprendente, la verdad es que para mí fue el mejor que he visto de ellos, no simplemente por su perfección sonora sino por su espectacular puesta en escena. Solo son tres en el escenario y consiguen hacer sonidos rock del rythm and blues, re-impresionante. Es muy fascinante como el bajo lleva una melodía y no simplemente una base, como la guitarra adorna esa melodía y la batería monta su propio diálogo con ambos llena de energía. Wow, pasan los días y me sale una sonrisa cuando pienso en el concierto. Mi primo Carlos (me ayudó con las fotos pero estas son mías), tras acabar cada canción decía: «son buenísimos».
No dieron tregua al público, el concierto desde su primer momento fue cañero a no poder más. Además, esa voz particular de John hacen que este grupo se despegue de lo habitual y verlos sea todo un placer.
Fue una lluvia de sonidos que no solo hicieron bailar, sino vibrar, sentir, vivir un directo, emocionarse y entristecerse con un final de escándalo.
El disco es brutal, pero es que su desgarrador directo es realmente extraordinario.
Vi un concierto de The Bleach donde la profesionalidad era la protagonista, la humildad su sombra y la calidad el contexto. Si es que estos chicos saben como dejarte con la miel en la boca. Pasión es lo que siento por su música, porque es incansable y te vuelve insaciable, puede ser dulce, o amarga, pero siempre en su justa medida.
Cuando tocaron la canción «Burn this city» fue una emocionante experiencia, esa canción, no sé por qué me parece tan sexy, instintiva, pero a la vez enérgica, optimista, rockera, clásicamente moderna, la primera vez que la escuché ya logró captar mi atención, y en la sala charada me poseyó, por lo que no pude dejar de brincar, bailar y dejarme seducir por esos deleitosos ritmos melódicos quebrajados y enfurecidos.
En realidad no dejé de bailar con ninguna, pero con «Burn this city» mucho más. Llevaba tiempo sin verles en directo y tenía muchísimas ganas de este concierto, es una alegría saber que vive buena música por las salas de Madrid y no está contaminada por la llamada cultura de escaparate ni pervertida por la monetización, porque con el talento que tienen estos chicos podrían hacer lo que se planteasen. La mejor carta la guardaron para el final, y muy bien guardada todos los de la sala, y sobretodo el guitarrista de San Leon se quedó boquiabierto.
El momento freezer es ya conocido y sigue impactando porque mejoran, se quedan totalmente congelados y ya no parece ni que respiran. No sabes cuándo van a volver a dejar de ser una imagen para volver a cobrar vida, cuando lo hacen una explosión en la sala sucede y la gente cierra sus bocas para ponerse a saltar. Mientras John y Sam no se inmutaban, Iván abandona la batería para
tocar con sus baquetas cualquier cosa que estuviera en el ambiente, consiguiendo seguir el ritmo y darle un toque más intimista a la canción, luego se retrasa, coge el Tom y lo desubica, a modo batukada lo baja al público y da las baquetas para que éste lo toque, mientras él vuelve a subir. Todo el mundo hizo un corro para palmear, y aunque intentaban bailar su asombro les impedía moverse. La verdad es que el ritmo correteaba por la sala, se introducía en tus venas y era imposible pensar en algo más que en lo grande que fue ese momento.
Llevaba mucho tiempo sin sorprenderme tanto en un concierto, sin esa sensación de Oh my God, y eso que últimamente he ido a conciertos bastante buenos, además de que San Leon dejaron el listón muy alto, the bleach se creció más de lo normal.
A este concierto le doy un EXCELENTE y me quedo algo corta.
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