No sabía dibujar.
Nunca quise aprender.
Durante años escribí ideas en notas, márgenes de libretas y documentos que nunca terminaba. Pensamientos que aparecían, hacían ruido un rato y volvían a quedarse guardados.
Entonces llegó una etapa en la que escribir ya no era suficiente.
Empecé a hacer bocetos. Muy malos. Monigotes con cuatro líneas. No buscaban ser bonitos, solo ayudarme a entender lo que estaba pasando.
Después pensé en la Inteligencia artificial.
Por primera vez pude convertir aquellos dibujos torpes en imágenes que se parecían a lo que tenía en la cabeza. Sin dejar de escribir. Sin dejar de pensar. Sin dejar de crear.
Todo lo que hay aquí empieza igual: una idea, unas palabras y un boceto.
La IA solo me ayuda a darles una imagen desde la idea totalmente diseñada.
Este cuaderno es el lugar donde voy guardando esas historias.
Quizá alguna también se parezca a la tuya.
¿Cómo nace esta nueva etapa?-
De la necesidad de no olvidar para no hacer el gilipollas más.
Arrancan las primeras horas de este cuaderno








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