Ayer, mientras leía Once maneras de sentirse solo de Richard Yates se me estremeció el cuerpo y la reflexión que me invadía tenía un matiz suicida ;). Le di a play a mi reproductor de música para desconectar y sonó:
La persona que me enseñó esta canción ya no forma parte de mi vida, pero en el 2007 fue una de las más importantes, miré hacia atrás con nostalgia y alegría, unos recuerdos maravillosos, unos momentos inolvidables y otros que nunca deberían ser memorables.
Luego sonó:
Volví al 2011. Otra vez lo mismo, cada año se cumple el mismo patrón, la sensación de ser querida y odiada, de ser útil e inútil, de ser insignificante e importante, de ser bienvenida y despreciada, y aunque quiera ser alguien para todas las personas que han formado parte de todos los momentos de este 2011 no lo he conseguido ni el 90% de los casos, tal vez porque hayan sido demasiadas personas las que se han cruzado en mi camino o porque ese 10% es tan importante para mí que yo les hecho de manera incosciente, pero siempre se queda la misma sensación de cariño y un recuerdo dibujado con una sonrisa, aunque sienta la patada.
Entonces suena:
Me invade la melancolía corrompida por la aceptación
Y caigo en la cuenta de que soy una soñadora ilusionada que ha aprendido a ver romperse sus sueños sin perder la esperanza de que algún día algo saldrá «according the plan»
Me despido con Mira Award:
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