Al despertar,
rostro sin expresión,
tez sin color,
pelo descontrolado,
y el cerebro apagado.
Reflejo de imperfección,
sangre congelada
abrazando al corazón,
un cadáver con alma,
buscando consolación.
Despiertas lentamente,
el organismo que te obliga a moverte,
la rutina irrumpe en la habitación,
molestando a la soledad,
golpeando al corazón
que empieza a palpitar.
Comienza el día,
el que deseas que acabe,
el que esperas que te sorprenda,
el que niegas que te aburra,
en el que exprimes el tiempo,
que te conduce a la agonía.
Desesperas los segundos,
reciclas el tiempo perdido,
vives rápido el intervalo
que luego pierdes vagueando.
¡Se oye el silencio!
Rompes en sonrisas
que acompañan a recuerdos,
descubres detalles
que adornan la tristeza
re-inventas lo vivido.
Improvisas las palabras,
caminas sin mapa,
olvidas los secretos,
destruyes tu mundo
que construyes con sueños.
Suena la canción,
habla la ciudad,
te pierdes en sonidos,
te encuentras en emociones,
duermes, para despertar.
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